Velázquez se pintó a sí mismo a tamaño natural, dando la espalda a la imagen de los reyes. Incluso la mirada más obsecuente y bienpensada del mundo debe admitirlo. Velázquez se pintó a sí mismo no en otro sitio sino justamente delante del espejo, delante de los reyes. Un espejo sin imagen no es nada. La cara de Velázquez no podrá reflejarse en ningún caso, pero la espalda sí. Si consideramos que el espejo no es tal espejo sino el reflejo de los reyes y éstos una representación de sí mismos, queda claro que Velázquez está dando la espalda a los reyes absolutos de la España del siglo XVII. Está dando la espalda a Felipe IV de una manera totalmente simbólica, al estilo
de la cultura de la época, y aunque la espalda del pintor no se empotre centimétricamenbte exacta en las narices reales.
Del libro: "La espalda de Velázquez" de Milagros Heredero (propiedad intelectual -
M-009451/2005)
martes, 13 de marzo de 2007
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