miércoles, 7 de marzo de 2007

Las Meninas CONTESTATARIAS

Al pintar Las Meninas, resuelta su complicación científica, diversificada la perspectiva que disfrazaba el objetivo final, él se encerró dentro, en ese aposento, en esa atmósfera tan bien conocida, que había vivido tan intensamente, como parte fundamental no como elemento mero y servidor. Y dotó la escena de un nuevo sentido histórico, de una nueva significación y alcance, precisamente por su presencia y por la desmitificación del monarca.

Por vez primera ante el mundo y de una manera "verdad no pintura", a tamaño natural, don Diego no es el siervo ni el aposentador con la silla en la mano y la rodilla en tierra, a la espera de que Felipe IV se siente o se levante del asiento. Es el Pintor y sobre todo, es Velázquez, él mismo dando la espalda a los reyes. He aquí una clave bien escondida ante los ojos de todos. Es como si hubiera querido, en el último retrato regio, disolver al soberano señor y a cuanto significaba, en el limbo de un espejo de plata.

Del libro "La espalda de Velázquez" de Milagros Heredero (propiedad intelectual núm. M-009451/2005.)

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