jueves, 1 de marzo de 2007

Las Meninas contestatarias

"Las Meninas" es un cuadro duro, sin ternura. Ningún niño o adolescente se sentirían verdaderamente atraidos por él. No un alma romántica.

Desde la primera ojeada se palpa en el lienzo la realidad de una escena jerarquizada, impuesta, rígida... Es un cuadro para mentes adultasw, expertas, viejas, tal vez. Las luces que lo alumbran no son luces directas, derramadas del sol, son como rayos rompientes de tinieblas.

La ternura no existe en "Las Meninas". Hasta la princesita con su mohín despreciativo rompe la tierna hermosura que el pintor quiso imprimirle. Se hace sentir en ella junto a la belleza de sus pocos años, junto al perfume de su niñez, la presunción pretenciosa del poderío dinástico, de su pulido despotismo. Un poco fuerte para tan tierna edad.

Es el inocente espectador quien pone todos los bellos deseos y todos los tópicos sobre la dulzura de la vida en tan infebril y muy regia escena."

Del libro "La espalda de Velázquez" de Milagros Heredero. (propiedad intelectual: M-009451/2005)

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