sábado, 17 de marzo de 2007

LAS MENINAS CONTESTATARIAS

En Las Meninas, Velázquez está cabalmente delante del espejo - es decir, de los reyes-; su espalda, por pura lógica, por pura ley de la reflexión, debería figurar dentro del espejo. Hasta se puede observar que él se ha separado muchísimo del cuadro que se supone pinta y, por lo tanto, se ha acercado también en exceso al terrible espejo... A las imágenes reales... con su espalda. Postura increíble, inimaginable si no fuese... pintada. Naturalmente, de la única forma que podía hacerlo.

El, que toda su vida cortesana había tenido que retroceder caminando de espaldas con toda reverencia. En Las Meninas le da la espalda a Felipe IV a perpetuidad, por los siglos de los siglos. Y a la vista de todos los contemporáneos contempladores del cuadro. Y a la vista de toda la corte y de los propios monarcas, presentes y venideros.

Si la imagen de Velázquez sólo hubiera aparecido en Las Meninas haciendo que pintaba, sin los reyes a su espalda, su gesto no hubiera pasado de ser un simple rasgo de vanidad del pintor de cámara, de orgullo, de altas pretensiones, como así piensan muchos de sus estudiosos. Pero pintó al rey y pintó a la reina y pintó su autorretrato delante de ellos.

Sólamente en la relación Velázquez-Felipe IV, se encierra el verdadero enigma, el interés profundo, el reto, la tensión del cuadro, pero tan soterrada que se hace difícil captarla, a no ser por la postura y la apostura del artista. Y la complicación de las perspectivas.
Recogido del libro "La espalda de Velázquez" de Milagros Heredero (propiedad intelectual M-009451/2005)

martes, 13 de marzo de 2007

Velázquez se pintó a sí mismo a tamaño natural, dando la espalda a la imagen de los reyes. Incluso la mirada más obsecuente y bienpensada del mundo debe admitirlo. Velázquez se pintó a sí mismo no en otro sitio sino justamente delante del espejo, delante de los reyes. Un espejo sin imagen no es nada. La cara de Velázquez no podrá reflejarse en ningún caso, pero la espalda sí. Si consideramos que el espejo no es tal espejo sino el reflejo de los reyes y éstos una representación de sí mismos, queda claro que Velázquez está dando la espalda a los reyes absolutos de la España del siglo XVII. Está dando la espalda a Felipe IV de una manera totalmente simbólica, al estilo
de la cultura de la época, y aunque la espalda del pintor no se empotre centimétricamenbte exacta en las narices reales.

Del libro: "La espalda de Velázquez" de Milagros Heredero (propiedad intelectual -
M-009451/2005)

miércoles, 7 de marzo de 2007

Las Meninas CONTESTATARIAS

Al pintar Las Meninas, resuelta su complicación científica, diversificada la perspectiva que disfrazaba el objetivo final, él se encerró dentro, en ese aposento, en esa atmósfera tan bien conocida, que había vivido tan intensamente, como parte fundamental no como elemento mero y servidor. Y dotó la escena de un nuevo sentido histórico, de una nueva significación y alcance, precisamente por su presencia y por la desmitificación del monarca.

Por vez primera ante el mundo y de una manera "verdad no pintura", a tamaño natural, don Diego no es el siervo ni el aposentador con la silla en la mano y la rodilla en tierra, a la espera de que Felipe IV se siente o se levante del asiento. Es el Pintor y sobre todo, es Velázquez, él mismo dando la espalda a los reyes. He aquí una clave bien escondida ante los ojos de todos. Es como si hubiera querido, en el último retrato regio, disolver al soberano señor y a cuanto significaba, en el limbo de un espejo de plata.

Del libro "La espalda de Velázquez" de Milagros Heredero (propiedad intelectual núm. M-009451/2005.)

martes, 6 de marzo de 2007

las MENINAS CONTESTATARIAS

Fue Acisclo Antonio Palomino, el primero y más importante biógrafo de Velázquez, el que recogió sus huellas más vivas, quien comparó el autorretrato de Velázquez en Las Meninas, con el que puso Fidias de sí mismo en el escudo de la estatua que hizo de la diosa Minerva... "fabricándole con tal artificio que si de allí se quitase se deshiciese también de todo punto la estatua".

Estas palabras son sumamente significativas pues dicen claramente que si se quitase el autorretrato de Velázquez, fabricado con tanto artificio en Las Meninas, todo el resto del cuadro se derrumbaría sin sentido ninguno.

Palomino lo sabía por artista, por pintor, porque amaba a Velázquez y había recogido testimonios vivos de discípulos y personas que lo trataron y porque había estudiado y admirado su obra profundamente...

Quiso decir, en definitiva, que toda la representación de Las Meninas existe en función de la figura de Velázquez.... Pero, ¿por qué? ¿con qué intención hizo ésto un hombre tan... flemático?...

Recogido del libro "La espalda de Velázquez" de Milagros Heredero (propiedad intelectual M-009451/2005)

domingo, 4 de marzo de 2007

LAS MENINAS CONTESTATARIAS

Efectivamente, podemos comprobar que no era gratuita la invitación de Velázquez para entrar en la regia estancia y participar en su juego. Que nuestra actuación se identifique mejor con la de los enanos o con el "rendez vous" de las gentiles meninas, o que consiga acercarse un poco a los arrogantes enigmas que plantea el pintor, ya es otra cosa.

Porque siendo una escena totalmente cotidiana, totalmente privada, con la princesita y sus domésticos y allá la figura semiesfumada de la pareja real, pero no virtual sino representación iconográfica verdadera, y Velázquez delante, más alto, más joven, más guapo...

Todo está subvertido aquí: el gran cuadro que nos muestra su envés; el enano débil que pisa al fuerte perro; el pintor pintando detrás de sus modelos y a su vez dando la espalda a los reyes....

Es todo un puro desafío: hacia el rey absoluto y hacia quienes lo contemplan.

Del libro: "La espalda de Velázquez" de Milagros Heredero (propiedad intelectual M-009451/2005)

sábado, 3 de marzo de 2007

LAS MENINAS CONTESTATARIAS

El profesor Jonathan Brown escribió: "... todos los autores recientes están de acuerdo en que Las Meninas es un enigma en busca de solución: nadie cree que sea simplemente un instante de la vida en palacio apresado por un pintor de retina fotográfica".

La mente de Velázquez siempre desafiante consigo mismo y con los demás, ha lanzado ese guante al aire de la Historia y no sólo de España, porque ya percibimos el interés que ha despertado y sigue despertando este jeroglífico en todos los ámbitos del Arte y del intelecto en el mundo. Y es porque bajo las geometrías y matemáticas, y bajo la perfección de las perspectivas equívocas, las Meninas también encierran un componente psicológico propio de una mente creadora y audaz. Y acaso sea el más interesante.

No son para los ojos de los protagonistas de Las Meninas, ni para su corte, el cuadro está hecho para los ojos de la posteridad, los ojos de la Historia. Compromete al espectador del futuro: no sólo para que mire y comprenda sino además para que juzgue.

Del libro. "La espalda de Velázquez" de Milagros Heredero (propiedad intelectual M-009451/2005)

viernes, 2 de marzo de 2007

LAS MENINAS CONTESTATARIAS

Un cuadro historiado, se ha definido desde su orígen, y el pintor, es obvio, el historiador. No le falta ni tan siquiera esa pátina translúcida y triste, que siempre presta la Historia al márgen de que el espíritu de la narración, cante victoria o derrota.

Su figurativa, su expresión, su ondulante movilidad, todo en él está en función indisoluble con el espejo. Si no existiese el espejo no podrían existir Laas Meninas. Y si no existiese el espejo, Velázquez no estaría dentro del cuadro.

Se pintó a sí mismo no sólo con suma arrogancia, hasta con soberbia. El es el verdadero icono de Las Meninas. El misterio y el interés que convoca la pintura está precisa y cabalmente en su autorretrato. Es él quien lo convoca.

Todo lo descabala la figura enhiesta del pintor dentro del cuadro. Una escena habitual de palacio que precisamente por su presencia y situación no tiene sentido y sin embargo, desde el primer instante presentimos, que ese contrasentido es lo más importante del cuadro.
Es el reto, la CONTESTACION, de Velázquez al rey y a los tiempos que le tocó padecer.

DEL LIBRO "LA ESPALDA DE VELÁZQUEZ" DE MILAGROS HEREDERO (Propiedad intelectual M-009451/2005

LAS MENINAS CONTESTATARIAS

Un cuadro historiado, se ha definido desde su orígen, y el pintor, es obvio, el historiador. No le falta ni tan siquiera esa pátina translúcida y triste, que siempre presta la Historia al márgen de que el espíritu de la narración, cante victoria o derrota.

Su figurativa, su expresión, su ondulante movilidad, todo en él está en función indisoluble con el espejo. Si no existiese el espejo no podrían existir Laas Meninas. Y si no existiese el espejo, Velázquez no estaría dentro del cuadro.

Se pintó a sí mismo no sólo con suma arrogancia, hasta con soberbia. El es el verdadero icono de Las Meninas. El misterio y el interés que convoca la pintura está precisa y cabalmente en su autorretrato. Es él quien lo convoca.

Todo lo descabala la figura enhiesta del pintor dentro del cuadro. Una escena habitual de palacio que precisamente por su presencia y situación no tiene sentido y sin embargo, desde el primer instante presentimos, que ese contrasentido es lo más importante del cuadro.
Es el reto, la CONTESTACION, de Velázquez al rey y a los tiempos que le tocó padecer.

DEL LIBRO "LA ESPALDA DE VELÁZQUEZ" DE MILAGROS HEREDERO (Propiedad intelectual M-009451/2005

jueves, 1 de marzo de 2007

Las Meninas contestatarias

"Las Meninas" es un cuadro duro, sin ternura. Ningún niño o adolescente se sentirían verdaderamente atraidos por él. No un alma romántica.

Desde la primera ojeada se palpa en el lienzo la realidad de una escena jerarquizada, impuesta, rígida... Es un cuadro para mentes adultasw, expertas, viejas, tal vez. Las luces que lo alumbran no son luces directas, derramadas del sol, son como rayos rompientes de tinieblas.

La ternura no existe en "Las Meninas". Hasta la princesita con su mohín despreciativo rompe la tierna hermosura que el pintor quiso imprimirle. Se hace sentir en ella junto a la belleza de sus pocos años, junto al perfume de su niñez, la presunción pretenciosa del poderío dinástico, de su pulido despotismo. Un poco fuerte para tan tierna edad.

Es el inocente espectador quien pone todos los bellos deseos y todos los tópicos sobre la dulzura de la vida en tan infebril y muy regia escena."

Del libro "La espalda de Velázquez" de Milagros Heredero. (propiedad intelectual: M-009451/2005)

Las Meninas contestatarias

"Las Meninas" es un cuadro duro, sin ternura. Ningún niño o adolescente se sentirían verdaderamente atraidos por él. No un alma romántica.

Desde la primera ojeada se palpa en el lienzo la realidad de una escena jerarquizada, impuesta, rígida... Es un cuadro para mentes adultasw, expertas, viejas, tal vez. Las luces que lo alumbran no son luces directas, derramadas del sol, son como rayos rompientes de tinieblas.

La ternura no existe en "Las Meninas". Hasta la princesita con su mohín despreciativo rompe la tierna hermosura que el pintor quiso imprimirle. Se hace sentir en ella junto a la belleza de sus pocos años, junto al perfume de su niñez, la presunción pretenciosa del poderío dinástico, de su pulido despotismo. Un poco fuerte para tan tierna edad.

Es el inocente espectador quien pone todos los bellos deseos y todos los tópicos sobre la dulzura de la vida en tan infebril y muy regia escena."

Del libro "La espalda de Velázquez" de Milagros Heredero. (propiedad intelectual: M-009451/2005)

Las Meninas contestatarias

"Las Meninas" es un cuadro duro, sin ternura. Ningún niño o adolescente se sentirían verdaderamente atraidos por él. No un alma romántica.

Desde la primera ojeada se palpa en el lienzo la realidad de una escena jerarquizada, impuesta, rígida... Es un cuadro para mentes adultasw, expertas, viejas, tal vez. Las luces que lo alumbran no son luces directas, derramadas del sol, son como rayos rompientes de tinieblas.

La ternura no existe en "Las Meninas". Hasta la princesita con su mohín despreciativo rompe la tierna hermosura que el pintor quiso imprimirle. Se hace sentir en ella junto a la belleza de sus pocos años, junto al perfume de su niñez, la presunción pretenciosa del poderío dinástico, de su pulido despotismo. Un poco fuerte para tan tierna edad.

Es el inocente espectador quien pone todos los bellos deseos y todos los tópicos sobre la dulzura de la vida en tan infebril y muy regia escena."

Del libro "La espalda de Velázquez" de Milagros Heredero. (propiedad intelectual: M-009451/2005)