Un cuadro historiado, se ha definido desde su orígen, y el pintor, es obvio, el historiador. No le falta ni tan siquiera esa pátina translúcida y triste, que siempre presta la Historia al márgen de que el espíritu de la narración, cante victoria o derrota.
Su figurativa, su expresión, su ondulante movilidad, todo en él está en función indisoluble con el espejo. Si no existiese el espejo no podrían existir Laas Meninas. Y si no existiese el espejo, Velázquez no estaría dentro del cuadro.
Se pintó a sí mismo no sólo con suma arrogancia, hasta con soberbia. El es el verdadero icono de Las Meninas. El misterio y el interés que convoca la pintura está precisa y cabalmente en su autorretrato. Es él quien lo convoca.
Todo lo descabala la figura enhiesta del pintor dentro del cuadro. Una escena habitual de palacio que precisamente por su presencia y situación no tiene sentido y sin embargo, desde el primer instante presentimos, que ese contrasentido es lo más importante del cuadro.
Es el reto, la CONTESTACION, de Velázquez al rey y a los tiempos que le tocó padecer.
DEL LIBRO "LA ESPALDA DE VELÁZQUEZ" DE MILAGROS HEREDERO (Propiedad intelectual M-009451/2005
viernes, 2 de marzo de 2007
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