Las Meninas son un acervo de humor por encima de todo, de burla; son el fruto maduro de Velázquez después de su experiencia romana en su segundo viaje. No hubiera podido pintarlas sin los sentimientos y las vivencias que Roma le dieron. Las ha pintado con un señorío tan grande, con una elegancia tan refinada y con una libertad tan inteligente que han hecho algo único de un cuadro que por sus elementos, bien podría haber sido puramente convencional y hasta bufo o grotesco. Pero es lo que fascina. El contraste entre la máxima finura y la soterrada sorna. Es, en definitiva, la reverencia irreverente.
Recogido de "La espalda de Velázquez" de Milagros Heredero (propiedad intelectual M-009451/2005
domingo, 1 de abril de 2007
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