La obra de Velázquez, toda entera, está llena de sugerencias que contradicen intencionadamente la ortodoxia española. Ya desde sus principios sevillanos, apartándose de la corriente general, busca modelos populares y los hace propios; en algunos imprime una cierta dignidad y como sabiduría que los categoriza por encima de su condición: (el aguador, la vieja que fríe huevos... etc.) Esta voluntad quedará más expresa cuando después pinte los bufones de palacio.
E·n cambio, sus cuadros de tema religioso están tratados con frialdad y escasa reverencia, y en todos atribuye a los personajes sagrados, características netamente humanas y a veces, hasta ordinarias. (la madre Jerónima de la Fuente, la Coronación de la Virgen etc). Esta intención se ve más claramente en los dioses del Olimpo. Ya lo observó Ortega: "Velázquez es un gigante ateo. Un colosal impío. Con su pincel arroja los dioses como a escobazos"...
lunes, 29 de enero de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario